¿Por qué sufrimos?

Sufrimos porque pensamos que la felicidad nos la otorga cierto objeto externo, este objeto puede ser algo físico, pero también las emociones, las sensaciones, las situaciones.

Tendemos a pensar que mis hijos me dan felicidad, mi pareja me da felicidad, mi trabajo me da felicidad. 

Cuando veo la felicidad de esta manera, aparece el sufrimiento en mi vida, ya que el día en que ese objeto externo no me aporte felicidad, o cuando no lo tenga disponible o simplemente esto no exista en mi vida, no tendré forma de sentir felicidad por mí mismo.

Empiezo a exigirle a ese “objeto” que yo considero fuente de mi felicidad que siempre me la debe dar, cuando eso deja de suceder, me genera sufrimiento. 

La única fuente de felicidad que existe, somos nosotros mismos, este cambio de perspectiva nos ayuda a situar los “objetos” donde corresponden, así mismo me doy cuenta de que de la práctica espiritual, el autoconocimiento y la conexión interna, me brindan felicidad. Aquí a mayor conexión, autoconocimiento, mayor felicidad puedo experimentar y menor es el sufrimiento. 

De esta manera dejo de ser dependiente de la felicidad externa y cultivo una sensación de felicidad desde mi conexión interior. 

Esto beneficia todas mis relaciones en general, ya que no les otorgo la propiedad de hacerme feliz, así, me puedo relacionar desde un lugar más honesto y desde la posibilidad de crecer y amar a esa persona o a ese objeto, sin exigirle que tiene que ser o hacer ciertas cosas que me hagan feliz. 

Al entender que mi fuente de felicidad soy yo, y que puedo elegir salir del sufrimiento, y que, aunque esté pasando una situación muy compleja, siempre puedo encontrar un momento de paz y felicidad dentro de ti mismo, en este lugar interno al cultivarlo, sé que todo estará bien allí. 

Cuando ponemos nuestra felicidad en algo externo, mi felicidad se convierte en algo muy frágil porque lo externo es cambiante todo el tiempo, y así mi felicidad puede desvanecerse muy fácilmente. 

Sufrimos cuando ponemos nuestro centro de felicidad a algo que no está dentro de mí. 

Puedo amar y disfrutar objetos externos a mí, estos me pueden dar muchísima felicidad, pero me debo responsabilizar por cultivar mi felicidad interna. 

Sufrimos porque nos situamos en la vida con relación a todo lo otro, desde los pensamientos, como si eso me diera la felicidad y tuviera que quedarse estático e inamovible para que me genere felicidad por siempre. 

Al entender dónde está realmente la felicidad y al cultivar ese lugar, que es dentro de nosotros mismos, puedo realmente dejar de sufrir. Puedo cultivar este lugar interno con diferentes prácticas que nos lleven a entender y a conocer más nuestro interior. 

El sufrimiento lo elegimos cuando elegimos situarnos en el mundo desde afuera. 

La felicidad la elegimos cuando elegimos esforzarnos por prender nuestra fogata interna que solo depende de mí y de mi propio cuidado. 

Este es el empoderamiento real, donde cultivo mi felicidad desde adentro y lo hago por mi y para mi mism@.

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